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EL BOMBERO GALLEGO

Había un terrible incendio en un edificio.

La gente que estaba en los pisos inferiores fue subiendo, desesperada, a la azotea.
En medio del estupor general aparece un gallego en la acera y comienza a gritar:
" ¡¡¡ Arrojaos, arrojaos que yo os atajo !!!"
Todos pensaron que estaba loco.

Pero luego de unos minutos y viendo que el "infierno" se aproximaba, para todo perdido, uno de ellos se arrojó al vacío...
El gallego realmente lo ataja con gran destreza y éste sale caminando como si nada.
Entonces, viendo que el sistema funcionaba, comenzaron a arrojarse los demás, uno por uno.
Luego de unos cuantos, se arroja un negro de Nigeria.

El gallego se queda mirando mientras cae, lo esquiva y el negro se hace mierda contra el piso.
El gallego sin mirar siquiera al piso, se dirige hacia arriba y les grita:
" ¡¡ No perdáis tiempo con los quemados !!!
“ ¡¡¡ Lanzaos los sanos … !!!

(Depositado por Claudia Noemi Zaffi)

Confesiones de invierno


El matrimonio de ancianos toma sol en el parque de su casa. Acaban de cumplir los sesenta años de casados.

De pronto, el hombre se acerca a su mujer y le dice:
- Paca... Ya hace muchos años que estamos juntos... Estamos viejos los dos...

Ella responde:
- Es verdad, Paco... Ha pasado el tiempo...

Él continúa hablándole calmadamente:
- Hay algo que me hace sentir mal... Algo que mantuve dentro más de lo conveniente...

Ella lo mira preocupada:
- ¿Estreñimiento? ¿Te cayeron mal los ravioles?

Paco sonríe levemente.
- No, Paca. Es algo espiritual. Un sentimiento de culpa... por cosas que nunca te confesé...

Ella lo alienta:
- ¿Y por qué no me lo cuentas ahora? ¡Quítate ese problema de encima!

El hombre suspira aliviado:
- Es verdad. Ya pasó mucho tiempo... ¿Te acuerdas de Pepa, la hija del almacenero? Esa que tenía un cuerpo espectacular que todos se paraban para mirar... ¿Te acuerdas?

- Sí, Paco, me acuerdo. Era una mujerona que llamaba la atención a todos los hombres del barrio.

- Bueno, Paca, ese cuerpo fue mío.

- En fin... un desliz lo tiene cualquiera. No te hagas problema...

- Es que no fue la única. ¿Te acuerdas de Lola, la esposa del verdulero?

- ¿La de los pechos enormes que coqueteaba con los clientes cuando el marido iba a buscar la acelga al fondo?

- ¡Esa! Ese cuerpo fue mío. Y hubo otra... Maruca...

- ¿Maruca? ¿Mi mejor amiga?

- Pues un tiempo fue también mi mejor amiga. Mientras tú ibas a buscar los niños a la escuela se aparecía en la casa y se revolcaba conmigo. Decía que lo hacía para ayudarte a hacerme feliz. ¡Y vaya que lo lograba! Durante varios meses, ese cuerpo fue mío.

- ¿Era buena para eso?

- No tan buena como tú, pero no era para despreciar...

- ¿Alguna más?

- No, Paca, fueron esas tres... pero me sentí siempre muy apenado por haberte engañado con ellas.

La mujer se pone seria. Lo mira de arriba a abajo, y muy calmadamente le dice:

- Ya que me has confesado tus deslices... yo también tengo algo que contarte.

El hombre la mira sorprendido. Ella continúa.

- ¿Recuerdas, Paco, que antes la pared trasera del jardín era más baja?

- Sí, me acuerdo. Luego la hicimos elevar por seguridad.

- ¿Recuerdas qué había al otro lado de la pared por esos tiempos?

- Pues sí, Paca. ¿Cómo no voy a recordar? Estaba el Cuerpo de Bomberos de la ciudad.

- Bueno, Paco, ¡ese Cuerpo fue mío!.

Bomberos e incendios


- ¡Qué barbaridad! ¡Qué incendio tremendo! ¡Para cuando lleguen los bomberos no va a quedar nada!

- No importa. Los bomberos ya están acostumbrados a ver incendios.